Las Guerras de Vidda - Capítulo 4: Leviatán
La unión de Port'Ria ya divisaba las cortes de Nesarión al fondo de una gran plaza de impolutos adoquines blancos:
-Vilenheí! -Dijo alegremente Nesarión. -¡Bienvenidos al gran palacio de Kraitonos!
Realmente el palacio de Nesarión estaba reluciente, acorde con el resto de edificios. Era una amplia estructura de piedra blanca de dos plantas perforada por pequeñas ventanas cuadradas, las cuales estaban situadas alrededor de un gran ventanal decorado con cristales azules y dorados. Probablemente iluminaría la estancia principal de aquel edificio. En su parte alta estaba coronado por una cúpula dorada, y a ambos lados de la barnizada puerta principal colgaban dos pendones, en los que estaban bordados el azulado ciervo rampante de la casa de Kapry.
Se acercaron hacia la puerta principal, donde unos guardias con túnicas azules y unas botas tachonadas les dejaron paso a la Unión mediante una elegante reverencia. Al abrir las puertas, un extenso salón con el suelo meticulosamente decorado se dejó ver ante ellos, el cual tenía una agradable y fresca temperatura en contra del intenso calor del exterior:
-¡Al fin dentro, estaba empezando a sudar como un puerco! -Exclamó Ösnolf aliviado ante las risas del resto de sus compañeros.
Avanzaron unos metros hacia una puerta con grandes bisagras doradas:
-Pasemos al comedor -Dijo Nesarión. -El anuncio de la visita de varios miembros de la realeza de Vidda ha hecho que se acercasen hasta nuestra isla algunos de los mejores músicos y artistas de toda Kapria. Nos amenizarán nuestra comida.
Todos los rostros de los Port'Ria, hasta el del mismo Om-Rei'Yug (hombre muy parco en el comer) se iluminaron al oír aquella palabra. Habían atravesado Kapria apresuradamente, lo que hizo que las paradas para la comida se espaciasen demasiado.
-Vilenheí! -Dijo alegremente Nesarión. -¡Bienvenidos al gran palacio de Kraitonos!
-¡Oh vaya, es inmenso! -Añadió Om-Rei'Yug admirado. Desde el primer momento en que habían llegado a Kapria le había maravillado sus llanuras salpicadas de huertos y sus tranquilas y cálidas aguas. -Demasiado brillante -Dijo Nayarda con los ojos molestos.
Realmente el palacio de Nesarión estaba reluciente, acorde con el resto de edificios. Era una amplia estructura de piedra blanca de dos plantas perforada por pequeñas ventanas cuadradas, las cuales estaban situadas alrededor de un gran ventanal decorado con cristales azules y dorados. Probablemente iluminaría la estancia principal de aquel edificio. En su parte alta estaba coronado por una cúpula dorada, y a ambos lados de la barnizada puerta principal colgaban dos pendones, en los que estaban bordados el azulado ciervo rampante de la casa de Kapry.
Se acercaron hacia la puerta principal, donde unos guardias con túnicas azules y unas botas tachonadas les dejaron paso a la Unión mediante una elegante reverencia. Al abrir las puertas, un extenso salón con el suelo meticulosamente decorado se dejó ver ante ellos, el cual tenía una agradable y fresca temperatura en contra del intenso calor del exterior:
-¡Al fin dentro, estaba empezando a sudar como un puerco! -Exclamó Ösnolf aliviado ante las risas del resto de sus compañeros.
-Se nota que sois del norte, esa melena y su adornada barba lo delatan.-Dijo un risueño Nesarión
-Y no os equivocáis -Respondió sofocado.
Avanzaron unos metros hacia una puerta con grandes bisagras doradas:
-Pasemos al comedor -Dijo Nesarión. -El anuncio de la visita de varios miembros de la realeza de Vidda ha hecho que se acercasen hasta nuestra isla algunos de los mejores músicos y artistas de toda Kapria. Nos amenizarán nuestra comida.
Todos los rostros de los Port'Ria, hasta el del mismo Om-Rei'Yug (hombre muy parco en el comer) se iluminaron al oír aquella palabra. Habían atravesado Kapria apresuradamente, lo que hizo que las paradas para la comida se espaciasen demasiado.
Entraron al comedor, que iluminaba la estancia con unos tenues azules y dorados debido a un ventanal, el mismo que habían divisado en el exterior. En la sala había una amplia mesa rodeada por cinco sillas altas forradas con un suave terciopelo. Encima de la mesa había un fastuoso y exageradamente grande mantel decorado con unos intricados adornos geométricos, típicos del arte de Kapria. Sobre él cinco delicados platos de porcelana, fina cubertería de plata y unos cálices con una amatista incrustada en cada uno, hacían denotar la riqueza de su anfitrión.
-Por favor amigos, sentaos, como si estuvierais en vuestra propia casa -Dijo Nesarión indicándoles con un gesto que se sentasen.
Nesarión presidía la mesa, mientras que el resto se sentaron a ambos lados de la mesa.
-Os habréis preguntado que relación tenemos Nesarión y yo... -Dijo Kapry mientras se acomodaba. -Es mi tío por parte de madre, aunque antes de que ella se casase con mi padre, él ya lo conocía, pues habían ido juntos a la Academia de Mercenarios de Puente Blanco...
-Gran hombre tu padre, mucho mas apto para guerrear que yo... -Le cortó Nesarión. -a mi nunca me ha gustado mucho la pelea ni las caminatas por territorio enemigo, siempre he sido un hombre sedentario.
A simple vista se notaba. Nesarión era un hombre entrado en carnes, y en sus finas manos se notaba que nunca sostuvo un arma o una hoz. Destacaba su túnica a cuadros blancos y burdeos, impoluta, a juego con su propiedad, así como un gran collar circular con unas ondas grabadas. Emanaba un aroma a hierbas y flores, lo que denotaba su estatus social.
Al poco rato unos sirvientes trajeron una gran fuente y un par de salseros ademas de unas botellas con un brebaje típico:
-¡Ésto es lo que verdaderamente alegra y alarga la vida a un hombre! -Dijo Nesarión sin despegar sus deseosos ojos de las botellas. -Es krezhí/vino de Patrífoliai, desde la península de Mytartios, probablemente las mejores viñas del continente... ¡probadlo, probadlo!
Los sirvientes, sin expresión en sus rostros, cosa que hacía más frío aquel momento de lo que ya era, comenzaron a servir la comida y las bebidas. El primero en probar el vino fue Kapry que, obviamente, no se sorprendió demasiado, ya que seguramente habría bebido aquel oscuro líquido en varias ocasiones; aún así comentó a su tío su buen sabor. Om-Rei'Yug probó gustosamente de su copa, ya que no es costumbre entre los elfos beber alcohol. Bebió hasta la última gota. Era un sabor entre dulce y amargo. Sin embargo, Nayarda y Ösnolf se quedaron extrañados ante su copa. Nesarión rió ante la actitud de ambos:
-Se nota que sois norteños, no debe de abundar mucho el vino por vuestras tierras.
-No se equivoca usted -Respondió Nayarda. -En Sovec la tierra no es apropiada para ese tipo de fruta
-Entonces, ¿no tenéis ninguna bebida típica? -Preguntó estúpidamente el obeso hombre.
-¡Por supuesto! -Exclamó sin ganas el parvec. -en mi tierra elaboramos una bebida muy potente, el Piontoch. Es una receta muy elaborada a base de manzana y acebo que ha ido mejorando con el paso de los años. Debido a la dificultad del desierto Oeste, no recibimos muchas exportaciones.
-¿Y vos Ösnolf? Veo que en el noroeste tampoco bebéis vinos.
-Lo he probado en muy contadas ocasiones durante alguna celebración en Cuerno Verde -dijo pesadamente- Las montañas de Hjell, al igual que Sovec, no son tierras muy apropiadas. Además, las caravanas que llegan al reino con exportaciones no vienen de mas allá de Ornost. El tener que pasar entre la frecuente niebla y los angostos caminos hace que pocos mercaderes comercien en nuestro territorio.
Nesarión mandó a sus sirvientes traer cerveza para Nayarda y Ösnolf, que a pesar de estar aguada, la tomaron de buen gusto. También trajeron varias fuentes con frutas y carnes
-Por cierto -Dijo un alegre Om-Rei'Yug- ¿qué es lo que nos está sirviendo?
-Es un pescado típico del este frito con hojas de palmera. Podéis también serviros de las fuentes salsa de nabos y salsa de vino. Tenéis una cabeza de venado, varias ensaladas y frutas, así como bebida abundante.
Después de un gran festín, fueron hasta otra sala, donde los músicos y los trovadores tocaron durante un buen tiempo mientras tomaban un té típico.
-Tengo entendido que mañana al alba partiréis hacia Puente Blanco, ¿me equivoco?-dijo Nesarión rompiendo el silenco reinante
-Así es -dijo Kapry sin retirar la vista de los percusionistas que estaban entre los músicos- Sería de agrado que nos dejase ya preparadas nuestras monturas. Cuanto antes crucemos el γέφυρα λευκό, mejor.
-Por supuesto, ahora mismo daré órdenes para que estén listos mañana al amanecer. También os daré algunas de mis mejores botellas de krezhi, que sé que es una de tus bebidas favoritas.
-Gracias tío -Contestó con una sonrisa sarcástica. En realidad no le gustaba mucho beber, pero igualmente aceptó sus obsequios.
A Kapry nunca le había gustado estar con su tío. Todas sus riquezas las había conseguido gracias a su padre, y si no hubiese sido por su madre, es probable que estuviese en el fondo de las aguas claras de Kapria. Nesarión siempre había sido un hombre de vicios, que se dedicaba a rondar las peores tabernas de las islas Blancas, se dedicaba a consumir y no pagar, por lo que las deudas lo abrumaban. Cuando su padre debía marchar en alguna misión tenía que quedarse con Nesarión, que la presencia de su sobrino no le impedía el seguir con sus típicas salidas a las posadas y tabernas. Pero era necesario parar en la isla, ya que era el único sitio donde poder cruzar hasta Puente Blanco.
La unión de Port'Ria se dirigió a sus aposentos, ya que debían partir muy temprano.
Algo antes del amanecer, se dirigieron hacia los establos, donde fueron ayudados por unos sirvientes a cargar sus cosas. Nayarda los premió con algo de oro, y se dirigió rapidamente junto con Kapry y Ösnolf. No les había agradado mucho su estancia en Kraitonos. A Nayarda lo había abrumado el desfase de riqueza que se respiraba en aquel lugar y la estúpida actitud de Nesarión, la presencia del cual tampoco había agradado a Kapry, debido al mal recuerdo que siempre tuvo de su tío. Ösnolf tampoco quedó muy agradado ante su anfitrión. El único que parecía algo apenado por abandonar Kraitonos era Om-Rei'Yug; le gustaban las atenciones y los lujos de palacio:
-Volved pronto por favor, estaremos encantados de recibirles de nuevo -dijo Nesarión despidiendose
La Unión se despidió con un gesto y comenzaron a cabalgar el majestuoso Puente Blanco. Al poco rato del camino, Kapry comenzó a maldecir todo lo que se movía:
-Nkis nkis nkis! Zhavurte kimer'hei ai! (¡No, no, no! Maldigo a toda tu estirpe!)
-Tranquilo Kapry -dijo Nayarda- ¿qué pasa?
-¡Es este vino! -gritó Kapry- ¡Ni siquiera me gusta, lo acepté por no ser desagradable!
-Kapry por favor, baja la voz -Dijo Om-Rei'Yug molesto.
-Lo podemos arreglar fácilmente -Dijo Nayarda con una sonrisa.
Pararon a un lado del puente, donde Nayarda se acercó al renallo de Kapry (una especie de reno único de Kapria con cuatro cuernos). Se acercó a una de las alforjas y agarró una caja de madera. Om-Rei'Yug pronto se dio cuenta de lo que el Parvec iba a hacer:
-¡Maldito seas!¡No se te ocurrirá hacer semejante cosa!-dijo irasciblemente el elfo
-Noto el mar algo raro. Hace demasiada brisa, y el mar parece algo mas agitado que de costumbre.
-¡Pues algo de brisa se agradece! -añadió Nayarda aliviado gracias a la ida del tórrido calor.
-No, pero es algo distinto, es como si pasase algo extraño bajo él. Bueno, sigamos nuestro camino.
El Puente Blanco parecía infinito. Era una gran mole de piedra blanca, erosionada y salpicada de algas entre sus grietas debido a su contacto con el mar. Era muy ancho, pues en algunas ocasiones se habían cruzado con hasta dos carromatos de mercaderes a la vez, y no fue necesario el cederles el paso. Hicieron una parada en un mirador situado en un lado del puente y se detuvieron a comer. Om-Rei'Yug seguía molesto con Nayarda, por lo que se retiró al mirador del otro lado del puente. Habían echo bien al partir al alba, pues ya prácticamente había caído la noche cuando divisaron la ciudad que recibía el nombre de su medio de comunicación con el resto de Kapria, Puente Blanco.
-Al fin estamos aquí -Dijo Kapry agotado, mirando al resto también exhausto por la caminata.
Cruzaron el resto del puente y por fin pisaron la tierra batida del camino que llevaba a la ciudad. Puente Blanco se situaba en una pequeña colina, la única de la isla. Estaba rodeada por unos muros de piedra gris, cosa que chocaba con la usual piedra blanca. Aún así las casas seguían la misma estructura que las del resto de Kapria. Rápidamente, llegaron a las puertas y entraron. La ciudad era un amasijo de casas muy pegadas unas a otras, y en todas ellas los balcones estaban muy floridos. Algunas tenían en sus puertas grabados geométricos. Había bastante gente por la calle, a pesar de que la mayoría de tiendas ya habían cerrado. Se apresuraron en llegar al castillo, ya que el cansancio había hecho mella en ellos, donde fueron recibidos por el padre de Kapry:
-Piornis! -dijo alegremente el Rey. (Padre)
-Nadartis! -contestó Kapry a su padre (Hijo)
Bajaron de sus monturas y padre e hijo de fundieron en un abrazo. El padre de Kapry ya era un hombre algo anciano, pero aún así parecía estar en buena forma.
-Os presento a mi padre -Dijo con una amplia sonrisa Kapry.
-Es un honor -Respondió el resto.
-Estoy encantado de recibiros -Dijo el rey de Kapria -, hemos preparado un pequeño banquete, pero supongo que estaréis cansados. Si os queréis retirar directamente a vuestros aposentos, le diré a alguno de mis chicos que os guíen directamente hasta ellos. Cuentan con mi pleno permiso para recorrer el castillo caballeros, ¡disfrutad de Puente Blanco!¡Hoy hace una agradable noche!
La Unión tomó la palabra a Kapry IV y se dirigieron directamente a sus respectivos dormitorios, mientras que Kapry y su hijo dieron un paseo por la ciudad mientras charlaban alegremente. Om-Rei'Yug recorrió el castillo, lo que pareció hacer que su enfado fuese desapareciendo. Se dirigió hacia los muros del castillo y contemplo Puente Blanco. Era una bella ciudad, se respiraba en ella un ambiente de amabilidad y alegría. Donde se encontraba era la parte mas alta de la isla, y practicante se veía totalmente. Era verde, muy verde, algo extraño, pues el fuerte calor no la había secado. Estaba salpicada por algunos pequeños bosques de pinos y amplios y exuberantes huertos. El mar, parecía algo agitado, pero el romper de las olas era un sonido relajante. Cerca del puente, vio acercarse una luz. A pesar de la oscuridad, el elfo pudo escudriñar aquella figura y darse cuenta de que era un mensajero. Decidió avisar al resto de sus compañeros, pues un mensajero a esas horas es algo muy extraño:
-Mandaré que abran las puertas -Dijo Kapry al oír el mensaje de Om-Rei'Yug -¿Estás seguro de que se acercaba hacía aquí?
-Totalmente -Dijo firmemente el elfo.
-Espero que no sea nada grave -Contestó Ösnolf.
Estaban todos esperando a la llegada del mensajero en las puertas del castillo. Era un hombre de mediana estatura, e iba con una túnica amarilla muy raída y descolorida. Parecía que venía de algún sitio lejos de Kapria, o incluso de más hacia el oeste:
-¡Señor, señor!¡Vengo en busca de la Unión de Port'Ria!¡Es muy urgente!
-Tranquilízate por favor -dijo el rey Kapry con voz firme- ¿Qué mensaje traéis?
-Lo tengo aquí, sí...
El hombre comenzó a rebuscar nervioso entre una bolsa que llevaba colgada echa de esparto, mientras se iluminaba con una antorcha. Sacó un papel arrugado y se lo entregó al rey, y acto seguido, con una reverencia, se alejó apresuradamente:
-¡EH EH!¡¿De dónde has salido?! -Gritaba Kapry enfadado.
-Déjale ir -Intentó calmarlo su padre -Ese chico no parecía un mensajero, no llevaba ninguna insignia que lo identificara. Probablemente haya sido mal pagado para entregar el mensaje. Según decía era para la unión de Port'Ria, por lo que dejaré que lo leáis vosotros.
Ösnolf fue el elegido para hacerlo. Fue leyendo con cara extrañada, hasta que al final acabó con una mueca de asombro:
-¿Que sucede? Seguro que es grave, lo noto. -Dijo Om-Rei'Yug.
- No seas pesimista -Contestó Nayarda. -, di que se trata diantres.
-Es sobre Ëgroj... Piensan llevarlo a Kalvnar... Ha fracasado en la misión en Hul-Oghsmork, en Ush-Lurn -Pronunció Ösnofl con un hilo de voz.
-Maldita sea, ¡Charhí! (mierda) -Dijo enfadado Nayarda.
Sin poder pronunciar nadie mas ni una sola palabra, un terrible estruendo comenzó a agitar violentamente el agua del mar, la cual se levantó de tal manera, que alcanzó la cima de la colina donde estaba situado el castillo. Todos cayeron hacia el adoquinado suelo, y en cuanto pudieron reaccionar desenfundaron rápidamente sus armas, excepto Kapry, que fue a comprobar el estado de su padre. Por suerte no le había sucedido nada grave. Un estrepitoso rugido llenó el ambiente:
-¡Por Ithalyn de los Bosques!¿¡Qué ha sido eso?! -Consiguió pronunciar Om-Rei'Yug, ya que, para mas inri, había comenzado a llover.
-¡SABÍA QUE ALGO SUCEDÍA CUANDO CRUZAMOS EL PUENTE!¡ES ALGO PEOR DE LO QUE PENSABA! -Bramó furioso Kapry.
-¡¡POR LOS MONTES DE HJELL!! -Gritó con fuerza Ösnofl.
Algo comenzaba a salir del agua, pero ante la confusión de todos, la oscuridad y la lluvia que cada vez caía con mas fuerza, hizo que nadie supiese por donde empezar: ¿Que harían con la inundación que se estaba creando en Puente Blanco?¿Por qué el agua los había hecho caer?¿Qué era lo que surgía de el cálido mar de Kapria?, y lo peor ¿y si caía el puente?
-¡VAYAMOS A LOS MUROS DEL CASTILLO, DESDE LA ALTURA PODREMOS VER MEJOR LO QUE SE NOS AVECINA! -Consiguió decir Nayarda bajo la fuerte lluvia, haciendo que por fin el resto de sus compañeros reaccionasen.
Corrieron bajo la lluvia y subieron velozmente los resbaladizos peldaños que iban hasta el muro. Desde allí lograron ver que una enorme y larga figura negra. Nadie creía lo que veían. Se creía que se habían extinguido. No estaban en lo cierto:
-¡¡ES UN LEVIATHAN!! -bramó el padre de Kapry.
El leviathan salió por completo del mar, completamente enloquecido. Parecía que había sido hechizado, pues daba cabezazos al aire de una manera rabiosa.
-Om, por los dioses, saca tu arco largo y pronuncia tus hechizos élficos, necesitamos que mantengas entretenido al leviathan, creo que tengo un plan -Dijo Nayarda.
-¡¿No tiene ninguna tropa aquí en la isla?! -Dijo Ösnolf al rey de Kapria.
-¡Estaban todos fuera de aquí, al sur! -Contestó mientras desenfundaba una magnífica espada de acero.
El rey de Kapria dio órdenes para que los pocos guardias de la isla tomasen su posición frente al peligro que se avecinaba: eran pocos hombres, pero cada uno de ellos valía como dos.
-Esa bestia es enorme..., ¡Un puñado de personas no podremos con él! -dijo Om-Rei'Yug, que disparaba sus flechas conjuradas bajo hechizos de agua. No conseguían hacer flaquear al leviathan demasiado, pero conseguían distraerlo y atravesar mínimamente su dura piel escamada:
-¡Es menos de lo que aparenta! -Dijo para alivio de todos Ösnolf- su actitud enloquecida es producto de estar sometido bajo un hechizo, probablemente de un Nigromante.
-¿Si?¡¿Cómo estás tan seguro de eso?! -Dijo el elfo mientras continuaba lanzando sus flechas freneticaente.
-He estudiado bajo la tutela de los Invirkirr, los mejores conjuradores de Hjell y Vidda, en el templo de Vøkk. No son tan especializados en hechizos de agua como tu pueblo, pero las invocaciones y conjuraciones son la élite del continente. Debemos tener mucho cuidado, ya que arremete con mas fuerza que en su estado natural, pero eso hace que deje a descubierto sus puntos flacos.
-¡La garganta!,¡¡¡hay que dar a la garganta!!! -bramó Nayarda. Una idea había brotado en él, y parecía que iba a utilizar el infell, la mortífera arma mostrada en Sovec -¡Entretenedle, necesito hacer una cosa!, ¡Kapry, necesito tu ayuda!
Kapry obedeció, y comenzó a seguir las órdenes que le daba Nayarda. Mientras tanto, las tropas del rey de Kapria se dirigían hacia la orilla, donde dieron unos cuantos tajos al cuerpo de aquel animal, haciendo que enloqueciese más aun. En los muros, Ösnolf se había unido a Om-Rei'Yug, que lanzaban sus flechas potenciadas bajo hechizos como Uþoer, Mhyl-Thayl o Abymalóin, que aunque conseguían mantener algo mas a raya al leviathan, no hacían frenar su locura.
De repente, bajo un estruendoso rugido, la negra figura de aquella mole comenzó a dejarse caer pesadamente hacia los muros del castillo. A grandes voces, el nórdico y el elfo consiguieron hacer que Kapry y Nayarda reaccionasen (cogiendo a duras penas los bártulos con los que tenía pensado Nayarda fabricar un extraño utensilio), y juntos pudieron bajar de las murallas. Un terrible estruendo hizo volar los grandes bloques de piedra de la mitad de la muralla del castillo: Ya no contaban con la ventaja de atacar desde arriba.
-¡¡¡OM CUIDADO!!!
La advertencia de Kapry no surtió efecto. Un gran trozo cayó rozando al elfo, precipitándolo al suelo con un corte en la cara y el brazo izquierdo completamente destrozado y, obviamente, hizo que su arco cayese con él:
-¡¡MALDITA SEA!!,¡¡TENGO EL BRAZO DESTROZADO!!¡¡AAAAAAH...!! -Aullaba de dolor.
Ösnolf lo alejó de la batalla y le hizo unos rápidos vendajes, mientras el elfo rezaba porque el leviathan no le oliera y agravase su situación. El nórdico corrió con el resto de sus compañeros, y observó horrorizado, que el monstruo descuartizaba a la mitad de los soldados bajo sus fauces y que sus carnes caían a la fina arena. Desenfundó su hacha decorada y se unió a la batalla con el resto de soldados, entre ellos el padre de Kapry, que no parecía sentir cansancio: realmente era un hombre curtido en batalla.
El leviathan no se dejaba caer y sus movimientos hacían dificil golpearle. Los guerreros poco a poco conseguían hacerlo sangrar, pero mas que dañarlo, conseguían fatigarse ellos mismos:
-¡¡¡Ösnolf, necesitamos que lo entretegas lo máximo posible!!!¡¡¡Estamos a punto de acabar!!! -Dijo Nayarda.
-¡Qué domonios haceis! -Decía fatigado Ösnolf -¡Al menos que venga Kapry e intente con nosotros hacerlo caer!
-¡Ahora mismo lo verás! - contestó satisfecho. Parecía que su invento podría evitar que Puente Blanco cayese.
A la carrera, Kapry se unió con Ösnolf y con los pocos hombres que quedaban. En dos líneas de formación, los de atrás lanzaban sus certeras flechas. Al contrario, la fila delantera propinaba tajos entre las duras escamas del animal, mientras que Kapry martilleaba con fuerza sus abiertas heridas y su dura piel.
Consiguió dar un fuerte golpe: uno de sus huesos había sido fracturado. El leviathan enloqueció aún mas, y bajo una veloz sacudida, se dejó caer en tierra firme. Creando una gran zanja, se arrastró hacía el interior, y consiguió detrozar varias casas y edificios públicos, arrastrando con él a otros soldados y unos cuantos viandantes: solo quedaban tres guerreros.
En tres únicos golpes, el leviathan consiguió acabar con 37 hombres de los 40 que formaban la élite de la ciudad de Puente Blanco. Esa élite que había conseguido mantener la ciudad fuera de peligro desde hacía siglos, se desmoronaba casi por completo. Pero algo parecía que iba a cambiar: una especie de arma, soportada bajo cuatro ruedas de madera de pino, era empujada por Nayarda. En su parte superior estaba el infell modificado. Aquel utensilio, fuese lo que fuese, provocaba cierto temor y parecía indicado para arremeter contra el leviathan:
-¡HACED QUE DEJE SU CUELLO AL DESCUBIERTO! -Indicaba Nayarda a voces. Aquella incesante lluvia no dejaba de caer.
-¡Las armas no hacen nada!, nos fatigamos inútilmente... -Dijo el rey de Kapria visiblemente cansado: luchaba con fiereza, pero la vejez comenzaba a hacerlo mas débil que antaño.
-¡¿ES QUE NO HAY FORMA DE HACERLO CAER?!-gritaba desesperado Kapry. A diferencia de su padre, no cesaba de martillear al animal, mientras quedaba salpicado de oscura sangre.
Habían conseguido que su cuerpo saliese completamente de las aguas, pero solamente seis hombres (los tres guerreros restantes, Ösnolf , él y su padre) no conseguirían provocar su muerte. Algunos hombres valientes habían salido con sus rastrillos y palas, e intentaban dañar de forma inútil al leviathan: únicamente encontraban su muerte al acercarse ante aquel gigantesco animal.
La situación empeoraba por momentos. Por suerte, el leviathan había sacado su cuerpo hacía tierra firme, lo que lo hacía algo mas vulnerable pero, por el contrario, dejaba un rastro de destrucción a su paso: varios huertos fueron arrasados junto con las propiedades de sus dueños, y ellos también fueron arrastrados con sus pertenencias:
-Solamente tenemos una opción -Decía Ösnolf cansado, al igual que el resto de sus compañero.s -Recurrir a la magia, pero necesito vincularme con otro mago.
-Intentaré hacer lo que se pueda...
Un magullado Om-Rei'Yug se acercó a él. Había estado observando aquella horrible escena, y sabía que, a pesar de sus heridas, debía ayudar al resto de la Unión a matar a aquella horrible bestia:
-¡ESCOLTADLES TRAS VUESTRAS ARMAS! -Gritó el padre de Kapry. Junto a los pocos hombres que le quedaban intentaban arremeter contra el leviathan, mientras que el verde prado era salpicado de cálida sangre.
A su vez, Nayarda cargaba su mortífera invención: era ahora o nunca.
Ösnolf y Om-Rei'Yug trazaron un circulo en el suelo y, dentro de él, el nórdico tomó por el brazo herido al elfo. Juntos alzaron sus armas con la mano que les quedaba libre, se arrodillaron en el suelo e hicieron una serie de coordinados movimientos con ellas.
Después clavaron sus armas en la tierra, y cerraron sus puños en ellas. Comenzaron a pronunciar en la lengua muerta de los antiguos espíritus que antiguamente gobernaban Vidda (el agua, el fuego, la tierra y el aire), el Goh, un extraño hechizo:
"Il mhédho, mhédho ael n'oystris en-clay,
Tyrig, Fog, Aq l Véné.
Il mhédho, mhédho ael n'oystris en-clay
Qra lautyr bur nas-maes'el, il âke is hactue"
Una potente luz irradió de sus armas, y llenaron el ambiente de una luz muy pura, que chocó contra el animal. Un terrible rugido, mucho mayor que los anteriores, dejó al leviathan paralizado por completo, haciendo que quedase totalmente estirano:
-¡AHORAAAAAA! -Gritó con todas sus fuerzas Ösnolf a Nayarda.
Un gran fogonazo, seguido de otro estruendo mayor, hizo que una gran estela fogosa se dirigiese, de manera certera al cuello del monstruo. Otro enorme rugido llenó el ambiente: el invento del sovec había funcionado.
-¡SI, SI, YA ES NUESTRO! -Gritó alegremente Nayarda mientras desenfundaba su maza.
Todos los guerreros, ante la victoria que se avecinaba, consiguieron sacar fuerzas y siguieron dando un festín de sangre y escamas bajo sus afiladas armas:
-¡CORTADLE LA CABEZA, CORTADLE LA CABEZAAAA! -Bramaba Om-Rei'Yug desde atrás. El hechizo que habían realizado lo había fatigado mas aún.
Kapry alzó su imponente martillo y comenzó a ascender por el húmedo cuerpo del reptil. Corrió hacia su cuello, y con un estremecedor alarido, hundió aquella mole de acero bajo el cuello del leviathan. Un sonido acuoso dio paso a un enorme chorro de sangre y saliva: el leviathan había muerto
-¡POR KAPRIAAAAAAA! -Gritó alegremente Kapry
-¡POR KAPRIAAAAAAAAAAAAAA! -Constestaron sus compañeros alzando sus armas
Había sido una batalla memorable, pero ahora Puente Blanco había quedado medio destrozada. No era tiempo de celebraciones. La unión de Port'Ria se dirigió al castillo.
Escrito por AlfonsoSabbath. 20/09/2013
-Por favor amigos, sentaos, como si estuvierais en vuestra propia casa -Dijo Nesarión indicándoles con un gesto que se sentasen.
Nesarión presidía la mesa, mientras que el resto se sentaron a ambos lados de la mesa.
-Os habréis preguntado que relación tenemos Nesarión y yo... -Dijo Kapry mientras se acomodaba. -Es mi tío por parte de madre, aunque antes de que ella se casase con mi padre, él ya lo conocía, pues habían ido juntos a la Academia de Mercenarios de Puente Blanco...
-Gran hombre tu padre, mucho mas apto para guerrear que yo... -Le cortó Nesarión. -a mi nunca me ha gustado mucho la pelea ni las caminatas por territorio enemigo, siempre he sido un hombre sedentario.
A simple vista se notaba. Nesarión era un hombre entrado en carnes, y en sus finas manos se notaba que nunca sostuvo un arma o una hoz. Destacaba su túnica a cuadros blancos y burdeos, impoluta, a juego con su propiedad, así como un gran collar circular con unas ondas grabadas. Emanaba un aroma a hierbas y flores, lo que denotaba su estatus social.
Al poco rato unos sirvientes trajeron una gran fuente y un par de salseros ademas de unas botellas con un brebaje típico:
-¡Ésto es lo que verdaderamente alegra y alarga la vida a un hombre! -Dijo Nesarión sin despegar sus deseosos ojos de las botellas. -Es krezhí/vino de Patrífoliai, desde la península de Mytartios, probablemente las mejores viñas del continente... ¡probadlo, probadlo!
Los sirvientes, sin expresión en sus rostros, cosa que hacía más frío aquel momento de lo que ya era, comenzaron a servir la comida y las bebidas. El primero en probar el vino fue Kapry que, obviamente, no se sorprendió demasiado, ya que seguramente habría bebido aquel oscuro líquido en varias ocasiones; aún así comentó a su tío su buen sabor. Om-Rei'Yug probó gustosamente de su copa, ya que no es costumbre entre los elfos beber alcohol. Bebió hasta la última gota. Era un sabor entre dulce y amargo. Sin embargo, Nayarda y Ösnolf se quedaron extrañados ante su copa. Nesarión rió ante la actitud de ambos:
-Se nota que sois norteños, no debe de abundar mucho el vino por vuestras tierras.
-No se equivoca usted -Respondió Nayarda. -En Sovec la tierra no es apropiada para ese tipo de fruta
-Entonces, ¿no tenéis ninguna bebida típica? -Preguntó estúpidamente el obeso hombre.
-¡Por supuesto! -Exclamó sin ganas el parvec. -en mi tierra elaboramos una bebida muy potente, el Piontoch. Es una receta muy elaborada a base de manzana y acebo que ha ido mejorando con el paso de los años. Debido a la dificultad del desierto Oeste, no recibimos muchas exportaciones.
-¿Y vos Ösnolf? Veo que en el noroeste tampoco bebéis vinos.
-Lo he probado en muy contadas ocasiones durante alguna celebración en Cuerno Verde -dijo pesadamente- Las montañas de Hjell, al igual que Sovec, no son tierras muy apropiadas. Además, las caravanas que llegan al reino con exportaciones no vienen de mas allá de Ornost. El tener que pasar entre la frecuente niebla y los angostos caminos hace que pocos mercaderes comercien en nuestro territorio.
Nesarión mandó a sus sirvientes traer cerveza para Nayarda y Ösnolf, que a pesar de estar aguada, la tomaron de buen gusto. También trajeron varias fuentes con frutas y carnes
-Por cierto -Dijo un alegre Om-Rei'Yug- ¿qué es lo que nos está sirviendo?
-Es un pescado típico del este frito con hojas de palmera. Podéis también serviros de las fuentes salsa de nabos y salsa de vino. Tenéis una cabeza de venado, varias ensaladas y frutas, así como bebida abundante.
Después de un gran festín, fueron hasta otra sala, donde los músicos y los trovadores tocaron durante un buen tiempo mientras tomaban un té típico.
-Tengo entendido que mañana al alba partiréis hacia Puente Blanco, ¿me equivoco?-dijo Nesarión rompiendo el silenco reinante
-Así es -dijo Kapry sin retirar la vista de los percusionistas que estaban entre los músicos- Sería de agrado que nos dejase ya preparadas nuestras monturas. Cuanto antes crucemos el γέφυρα λευκό, mejor.
-Por supuesto, ahora mismo daré órdenes para que estén listos mañana al amanecer. También os daré algunas de mis mejores botellas de krezhi, que sé que es una de tus bebidas favoritas.
-Gracias tío -Contestó con una sonrisa sarcástica. En realidad no le gustaba mucho beber, pero igualmente aceptó sus obsequios.
A Kapry nunca le había gustado estar con su tío. Todas sus riquezas las había conseguido gracias a su padre, y si no hubiese sido por su madre, es probable que estuviese en el fondo de las aguas claras de Kapria. Nesarión siempre había sido un hombre de vicios, que se dedicaba a rondar las peores tabernas de las islas Blancas, se dedicaba a consumir y no pagar, por lo que las deudas lo abrumaban. Cuando su padre debía marchar en alguna misión tenía que quedarse con Nesarión, que la presencia de su sobrino no le impedía el seguir con sus típicas salidas a las posadas y tabernas. Pero era necesario parar en la isla, ya que era el único sitio donde poder cruzar hasta Puente Blanco.
La unión de Port'Ria se dirigió a sus aposentos, ya que debían partir muy temprano.
Algo antes del amanecer, se dirigieron hacia los establos, donde fueron ayudados por unos sirvientes a cargar sus cosas. Nayarda los premió con algo de oro, y se dirigió rapidamente junto con Kapry y Ösnolf. No les había agradado mucho su estancia en Kraitonos. A Nayarda lo había abrumado el desfase de riqueza que se respiraba en aquel lugar y la estúpida actitud de Nesarión, la presencia del cual tampoco había agradado a Kapry, debido al mal recuerdo que siempre tuvo de su tío. Ösnolf tampoco quedó muy agradado ante su anfitrión. El único que parecía algo apenado por abandonar Kraitonos era Om-Rei'Yug; le gustaban las atenciones y los lujos de palacio:
-Volved pronto por favor, estaremos encantados de recibirles de nuevo -dijo Nesarión despidiendose
La Unión se despidió con un gesto y comenzaron a cabalgar el majestuoso Puente Blanco. Al poco rato del camino, Kapry comenzó a maldecir todo lo que se movía:
-Nkis nkis nkis! Zhavurte kimer'hei ai! (¡No, no, no! Maldigo a toda tu estirpe!)
-Tranquilo Kapry -dijo Nayarda- ¿qué pasa?
-¡Es este vino! -gritó Kapry- ¡Ni siquiera me gusta, lo acepté por no ser desagradable!
-Kapry por favor, baja la voz -Dijo Om-Rei'Yug molesto.
-Lo podemos arreglar fácilmente -Dijo Nayarda con una sonrisa.
Pararon a un lado del puente, donde Nayarda se acercó al renallo de Kapry (una especie de reno único de Kapria con cuatro cuernos). Se acercó a una de las alforjas y agarró una caja de madera. Om-Rei'Yug pronto se dio cuenta de lo que el Parvec iba a hacer:
-¡Maldito seas!¡No se te ocurrirá hacer semejante cosa!-dijo irasciblemente el elfo
- Por Øþer -Dijo Ösnolf sorprendido.-¡Es solo vino!
En ese mismo instante, Nayarda colocó en el borde del puente la caja, y con un contundente mazazo, la convirtió en un amasijo de astillas, vidrio y vino que cayó al mar. Kapry y Ösnolf comenzaron a reír satisfechos mientras prosiguieron con su camino.
No hubo palabras durante un buen trecho del camino por parte de Om-Rei'Yug, visiblemente ofendido, ni por el resto de sus compañeros, hasta que Kapry rompió el silencio:-Noto el mar algo raro. Hace demasiada brisa, y el mar parece algo mas agitado que de costumbre.
-¡Pues algo de brisa se agradece! -añadió Nayarda aliviado gracias a la ida del tórrido calor.
-No, pero es algo distinto, es como si pasase algo extraño bajo él. Bueno, sigamos nuestro camino.
El Puente Blanco parecía infinito. Era una gran mole de piedra blanca, erosionada y salpicada de algas entre sus grietas debido a su contacto con el mar. Era muy ancho, pues en algunas ocasiones se habían cruzado con hasta dos carromatos de mercaderes a la vez, y no fue necesario el cederles el paso. Hicieron una parada en un mirador situado en un lado del puente y se detuvieron a comer. Om-Rei'Yug seguía molesto con Nayarda, por lo que se retiró al mirador del otro lado del puente. Habían echo bien al partir al alba, pues ya prácticamente había caído la noche cuando divisaron la ciudad que recibía el nombre de su medio de comunicación con el resto de Kapria, Puente Blanco.
-Al fin estamos aquí -Dijo Kapry agotado, mirando al resto también exhausto por la caminata.
Cruzaron el resto del puente y por fin pisaron la tierra batida del camino que llevaba a la ciudad. Puente Blanco se situaba en una pequeña colina, la única de la isla. Estaba rodeada por unos muros de piedra gris, cosa que chocaba con la usual piedra blanca. Aún así las casas seguían la misma estructura que las del resto de Kapria. Rápidamente, llegaron a las puertas y entraron. La ciudad era un amasijo de casas muy pegadas unas a otras, y en todas ellas los balcones estaban muy floridos. Algunas tenían en sus puertas grabados geométricos. Había bastante gente por la calle, a pesar de que la mayoría de tiendas ya habían cerrado. Se apresuraron en llegar al castillo, ya que el cansancio había hecho mella en ellos, donde fueron recibidos por el padre de Kapry:
-Piornis! -dijo alegremente el Rey. (Padre)
-Nadartis! -contestó Kapry a su padre (Hijo)
Bajaron de sus monturas y padre e hijo de fundieron en un abrazo. El padre de Kapry ya era un hombre algo anciano, pero aún así parecía estar en buena forma.
-Os presento a mi padre -Dijo con una amplia sonrisa Kapry.
-Es un honor -Respondió el resto.
-Estoy encantado de recibiros -Dijo el rey de Kapria -, hemos preparado un pequeño banquete, pero supongo que estaréis cansados. Si os queréis retirar directamente a vuestros aposentos, le diré a alguno de mis chicos que os guíen directamente hasta ellos. Cuentan con mi pleno permiso para recorrer el castillo caballeros, ¡disfrutad de Puente Blanco!¡Hoy hace una agradable noche!
La Unión tomó la palabra a Kapry IV y se dirigieron directamente a sus respectivos dormitorios, mientras que Kapry y su hijo dieron un paseo por la ciudad mientras charlaban alegremente. Om-Rei'Yug recorrió el castillo, lo que pareció hacer que su enfado fuese desapareciendo. Se dirigió hacia los muros del castillo y contemplo Puente Blanco. Era una bella ciudad, se respiraba en ella un ambiente de amabilidad y alegría. Donde se encontraba era la parte mas alta de la isla, y practicante se veía totalmente. Era verde, muy verde, algo extraño, pues el fuerte calor no la había secado. Estaba salpicada por algunos pequeños bosques de pinos y amplios y exuberantes huertos. El mar, parecía algo agitado, pero el romper de las olas era un sonido relajante. Cerca del puente, vio acercarse una luz. A pesar de la oscuridad, el elfo pudo escudriñar aquella figura y darse cuenta de que era un mensajero. Decidió avisar al resto de sus compañeros, pues un mensajero a esas horas es algo muy extraño:
-Mandaré que abran las puertas -Dijo Kapry al oír el mensaje de Om-Rei'Yug -¿Estás seguro de que se acercaba hacía aquí?
-Totalmente -Dijo firmemente el elfo.
-Espero que no sea nada grave -Contestó Ösnolf.
Estaban todos esperando a la llegada del mensajero en las puertas del castillo. Era un hombre de mediana estatura, e iba con una túnica amarilla muy raída y descolorida. Parecía que venía de algún sitio lejos de Kapria, o incluso de más hacia el oeste:
-¡Señor, señor!¡Vengo en busca de la Unión de Port'Ria!¡Es muy urgente!
-Tranquilízate por favor -dijo el rey Kapry con voz firme- ¿Qué mensaje traéis?
-Lo tengo aquí, sí...
El hombre comenzó a rebuscar nervioso entre una bolsa que llevaba colgada echa de esparto, mientras se iluminaba con una antorcha. Sacó un papel arrugado y se lo entregó al rey, y acto seguido, con una reverencia, se alejó apresuradamente:
-¡EH EH!¡¿De dónde has salido?! -Gritaba Kapry enfadado.
-Déjale ir -Intentó calmarlo su padre -Ese chico no parecía un mensajero, no llevaba ninguna insignia que lo identificara. Probablemente haya sido mal pagado para entregar el mensaje. Según decía era para la unión de Port'Ria, por lo que dejaré que lo leáis vosotros.
Ösnolf fue el elegido para hacerlo. Fue leyendo con cara extrañada, hasta que al final acabó con una mueca de asombro:
-¿Que sucede? Seguro que es grave, lo noto. -Dijo Om-Rei'Yug.
- No seas pesimista -Contestó Nayarda. -, di que se trata diantres.
-Es sobre Ëgroj... Piensan llevarlo a Kalvnar... Ha fracasado en la misión en Hul-Oghsmork, en Ush-Lurn -Pronunció Ösnofl con un hilo de voz.
-Maldita sea, ¡Charhí! (mierda) -Dijo enfadado Nayarda.
Sin poder pronunciar nadie mas ni una sola palabra, un terrible estruendo comenzó a agitar violentamente el agua del mar, la cual se levantó de tal manera, que alcanzó la cima de la colina donde estaba situado el castillo. Todos cayeron hacia el adoquinado suelo, y en cuanto pudieron reaccionar desenfundaron rápidamente sus armas, excepto Kapry, que fue a comprobar el estado de su padre. Por suerte no le había sucedido nada grave. Un estrepitoso rugido llenó el ambiente:
-¡Por Ithalyn de los Bosques!¿¡Qué ha sido eso?! -Consiguió pronunciar Om-Rei'Yug, ya que, para mas inri, había comenzado a llover.
-¡SABÍA QUE ALGO SUCEDÍA CUANDO CRUZAMOS EL PUENTE!¡ES ALGO PEOR DE LO QUE PENSABA! -Bramó furioso Kapry.
-¡¡POR LOS MONTES DE HJELL!! -Gritó con fuerza Ösnofl.
Algo comenzaba a salir del agua, pero ante la confusión de todos, la oscuridad y la lluvia que cada vez caía con mas fuerza, hizo que nadie supiese por donde empezar: ¿Que harían con la inundación que se estaba creando en Puente Blanco?¿Por qué el agua los había hecho caer?¿Qué era lo que surgía de el cálido mar de Kapria?, y lo peor ¿y si caía el puente?
-¡VAYAMOS A LOS MUROS DEL CASTILLO, DESDE LA ALTURA PODREMOS VER MEJOR LO QUE SE NOS AVECINA! -Consiguió decir Nayarda bajo la fuerte lluvia, haciendo que por fin el resto de sus compañeros reaccionasen.
Corrieron bajo la lluvia y subieron velozmente los resbaladizos peldaños que iban hasta el muro. Desde allí lograron ver que una enorme y larga figura negra. Nadie creía lo que veían. Se creía que se habían extinguido. No estaban en lo cierto:
-¡¡ES UN LEVIATHAN!! -bramó el padre de Kapry.
El leviathan salió por completo del mar, completamente enloquecido. Parecía que había sido hechizado, pues daba cabezazos al aire de una manera rabiosa.
-Om, por los dioses, saca tu arco largo y pronuncia tus hechizos élficos, necesitamos que mantengas entretenido al leviathan, creo que tengo un plan -Dijo Nayarda.
-¡¿No tiene ninguna tropa aquí en la isla?! -Dijo Ösnolf al rey de Kapria.
-¡Estaban todos fuera de aquí, al sur! -Contestó mientras desenfundaba una magnífica espada de acero.
El rey de Kapria dio órdenes para que los pocos guardias de la isla tomasen su posición frente al peligro que se avecinaba: eran pocos hombres, pero cada uno de ellos valía como dos.
-Esa bestia es enorme..., ¡Un puñado de personas no podremos con él! -dijo Om-Rei'Yug, que disparaba sus flechas conjuradas bajo hechizos de agua. No conseguían hacer flaquear al leviathan demasiado, pero conseguían distraerlo y atravesar mínimamente su dura piel escamada:
-¡Es menos de lo que aparenta! -Dijo para alivio de todos Ösnolf- su actitud enloquecida es producto de estar sometido bajo un hechizo, probablemente de un Nigromante.
-¿Si?¡¿Cómo estás tan seguro de eso?! -Dijo el elfo mientras continuaba lanzando sus flechas freneticaente.
-He estudiado bajo la tutela de los Invirkirr, los mejores conjuradores de Hjell y Vidda, en el templo de Vøkk. No son tan especializados en hechizos de agua como tu pueblo, pero las invocaciones y conjuraciones son la élite del continente. Debemos tener mucho cuidado, ya que arremete con mas fuerza que en su estado natural, pero eso hace que deje a descubierto sus puntos flacos.
-¡La garganta!,¡¡¡hay que dar a la garganta!!! -bramó Nayarda. Una idea había brotado en él, y parecía que iba a utilizar el infell, la mortífera arma mostrada en Sovec -¡Entretenedle, necesito hacer una cosa!, ¡Kapry, necesito tu ayuda!
Kapry obedeció, y comenzó a seguir las órdenes que le daba Nayarda. Mientras tanto, las tropas del rey de Kapria se dirigían hacia la orilla, donde dieron unos cuantos tajos al cuerpo de aquel animal, haciendo que enloqueciese más aun. En los muros, Ösnolf se había unido a Om-Rei'Yug, que lanzaban sus flechas potenciadas bajo hechizos como Uþoer, Mhyl-Thayl o Abymalóin, que aunque conseguían mantener algo mas a raya al leviathan, no hacían frenar su locura.
De repente, bajo un estruendoso rugido, la negra figura de aquella mole comenzó a dejarse caer pesadamente hacia los muros del castillo. A grandes voces, el nórdico y el elfo consiguieron hacer que Kapry y Nayarda reaccionasen (cogiendo a duras penas los bártulos con los que tenía pensado Nayarda fabricar un extraño utensilio), y juntos pudieron bajar de las murallas. Un terrible estruendo hizo volar los grandes bloques de piedra de la mitad de la muralla del castillo: Ya no contaban con la ventaja de atacar desde arriba.
-¡¡¡OM CUIDADO!!!
La advertencia de Kapry no surtió efecto. Un gran trozo cayó rozando al elfo, precipitándolo al suelo con un corte en la cara y el brazo izquierdo completamente destrozado y, obviamente, hizo que su arco cayese con él:
-¡¡MALDITA SEA!!,¡¡TENGO EL BRAZO DESTROZADO!!¡¡AAAAAAH...!! -Aullaba de dolor.
Ösnolf lo alejó de la batalla y le hizo unos rápidos vendajes, mientras el elfo rezaba porque el leviathan no le oliera y agravase su situación. El nórdico corrió con el resto de sus compañeros, y observó horrorizado, que el monstruo descuartizaba a la mitad de los soldados bajo sus fauces y que sus carnes caían a la fina arena. Desenfundó su hacha decorada y se unió a la batalla con el resto de soldados, entre ellos el padre de Kapry, que no parecía sentir cansancio: realmente era un hombre curtido en batalla.
El leviathan no se dejaba caer y sus movimientos hacían dificil golpearle. Los guerreros poco a poco conseguían hacerlo sangrar, pero mas que dañarlo, conseguían fatigarse ellos mismos:
-¡¡¡Ösnolf, necesitamos que lo entretegas lo máximo posible!!!¡¡¡Estamos a punto de acabar!!! -Dijo Nayarda.
-¡Qué domonios haceis! -Decía fatigado Ösnolf -¡Al menos que venga Kapry e intente con nosotros hacerlo caer!
-¡Ahora mismo lo verás! - contestó satisfecho. Parecía que su invento podría evitar que Puente Blanco cayese.
A la carrera, Kapry se unió con Ösnolf y con los pocos hombres que quedaban. En dos líneas de formación, los de atrás lanzaban sus certeras flechas. Al contrario, la fila delantera propinaba tajos entre las duras escamas del animal, mientras que Kapry martilleaba con fuerza sus abiertas heridas y su dura piel.
Consiguió dar un fuerte golpe: uno de sus huesos había sido fracturado. El leviathan enloqueció aún mas, y bajo una veloz sacudida, se dejó caer en tierra firme. Creando una gran zanja, se arrastró hacía el interior, y consiguió detrozar varias casas y edificios públicos, arrastrando con él a otros soldados y unos cuantos viandantes: solo quedaban tres guerreros.
En tres únicos golpes, el leviathan consiguió acabar con 37 hombres de los 40 que formaban la élite de la ciudad de Puente Blanco. Esa élite que había conseguido mantener la ciudad fuera de peligro desde hacía siglos, se desmoronaba casi por completo. Pero algo parecía que iba a cambiar: una especie de arma, soportada bajo cuatro ruedas de madera de pino, era empujada por Nayarda. En su parte superior estaba el infell modificado. Aquel utensilio, fuese lo que fuese, provocaba cierto temor y parecía indicado para arremeter contra el leviathan:
-¡HACED QUE DEJE SU CUELLO AL DESCUBIERTO! -Indicaba Nayarda a voces. Aquella incesante lluvia no dejaba de caer.
-¡Las armas no hacen nada!, nos fatigamos inútilmente... -Dijo el rey de Kapria visiblemente cansado: luchaba con fiereza, pero la vejez comenzaba a hacerlo mas débil que antaño.
-¡¿ES QUE NO HAY FORMA DE HACERLO CAER?!-gritaba desesperado Kapry. A diferencia de su padre, no cesaba de martillear al animal, mientras quedaba salpicado de oscura sangre.
Habían conseguido que su cuerpo saliese completamente de las aguas, pero solamente seis hombres (los tres guerreros restantes, Ösnolf , él y su padre) no conseguirían provocar su muerte. Algunos hombres valientes habían salido con sus rastrillos y palas, e intentaban dañar de forma inútil al leviathan: únicamente encontraban su muerte al acercarse ante aquel gigantesco animal.
La situación empeoraba por momentos. Por suerte, el leviathan había sacado su cuerpo hacía tierra firme, lo que lo hacía algo mas vulnerable pero, por el contrario, dejaba un rastro de destrucción a su paso: varios huertos fueron arrasados junto con las propiedades de sus dueños, y ellos también fueron arrastrados con sus pertenencias:
-Solamente tenemos una opción -Decía Ösnolf cansado, al igual que el resto de sus compañero.s -Recurrir a la magia, pero necesito vincularme con otro mago.
-Intentaré hacer lo que se pueda...
Un magullado Om-Rei'Yug se acercó a él. Había estado observando aquella horrible escena, y sabía que, a pesar de sus heridas, debía ayudar al resto de la Unión a matar a aquella horrible bestia:
-¡ESCOLTADLES TRAS VUESTRAS ARMAS! -Gritó el padre de Kapry. Junto a los pocos hombres que le quedaban intentaban arremeter contra el leviathan, mientras que el verde prado era salpicado de cálida sangre.
A su vez, Nayarda cargaba su mortífera invención: era ahora o nunca.
Ösnolf y Om-Rei'Yug trazaron un circulo en el suelo y, dentro de él, el nórdico tomó por el brazo herido al elfo. Juntos alzaron sus armas con la mano que les quedaba libre, se arrodillaron en el suelo e hicieron una serie de coordinados movimientos con ellas.
Después clavaron sus armas en la tierra, y cerraron sus puños en ellas. Comenzaron a pronunciar en la lengua muerta de los antiguos espíritus que antiguamente gobernaban Vidda (el agua, el fuego, la tierra y el aire), el Goh, un extraño hechizo:
"Il mhédho, mhédho ael n'oystris en-clay,
Tyrig, Fog, Aq l Véné.
Il mhédho, mhédho ael n'oystris en-clay
Qra lautyr bur nas-maes'el, il âke is hactue"
Una potente luz irradió de sus armas, y llenaron el ambiente de una luz muy pura, que chocó contra el animal. Un terrible rugido, mucho mayor que los anteriores, dejó al leviathan paralizado por completo, haciendo que quedase totalmente estirano:
-¡AHORAAAAAA! -Gritó con todas sus fuerzas Ösnolf a Nayarda.
Un gran fogonazo, seguido de otro estruendo mayor, hizo que una gran estela fogosa se dirigiese, de manera certera al cuello del monstruo. Otro enorme rugido llenó el ambiente: el invento del sovec había funcionado.
-¡SI, SI, YA ES NUESTRO! -Gritó alegremente Nayarda mientras desenfundaba su maza.
Todos los guerreros, ante la victoria que se avecinaba, consiguieron sacar fuerzas y siguieron dando un festín de sangre y escamas bajo sus afiladas armas:
-¡CORTADLE LA CABEZA, CORTADLE LA CABEZAAAA! -Bramaba Om-Rei'Yug desde atrás. El hechizo que habían realizado lo había fatigado mas aún.
Kapry alzó su imponente martillo y comenzó a ascender por el húmedo cuerpo del reptil. Corrió hacia su cuello, y con un estremecedor alarido, hundió aquella mole de acero bajo el cuello del leviathan. Un sonido acuoso dio paso a un enorme chorro de sangre y saliva: el leviathan había muerto
-¡POR KAPRIAAAAAAA! -Gritó alegremente Kapry
-¡POR KAPRIAAAAAAAAAAAAAA! -Constestaron sus compañeros alzando sus armas
Había sido una batalla memorable, pero ahora Puente Blanco había quedado medio destrozada. No era tiempo de celebraciones. La unión de Port'Ria se dirigió al castillo.
Escrito por AlfonsoSabbath. 20/09/2013
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